La transición venezolana ya entró en una fase de negociación, pero todavía está lejos de su punto decisivo: unas elecciones presidenciales con garantías suficientes para producir un nuevo poder político. Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, Estados Unidos pasó a tener una influencia determinante sobre el escenario venezolano y Delcy Rodríguez quedó al frente de un régimen provisional cuya margen de maniobra está condicionado por Washington.
La estrategia estadounidense no parece plantear un relevo inmediato, sino una transición por etapas. Marco Rubio ha definido el proceso alrededor de la estabilización del país, la recuperación económica y, finalmente, la creación de las condiciones para celebrar elecciones democráticas. En ese esquema, los acuerdos alcanzados entre el régimen de Delcy y la oposición no representan todavía el cambio de poder, sino la construcción de las instituciones que deberán hacerlo posible. La pieza que mejor permite calcular los tiempos es el sistema electoral. Dinorah Figuera, interlocutora opositora respaldada por Washington, ha sostenido que Venezuela todavía no reúne las condiciones para ir a elecciones y ha colocado diciembre de 2026 como horizonte para avanzar en la reestructuración del Consejo Nacional.