En ausencia de sondeos electorales, los especialistas auguran un retroceso del partido del primer ministro, el liberal RNI, del que se beneficiará el tecnocrático PAM y el nacionalista Istiqla
Marruecos celebra este miércoles elecciones generales marcadas por la apatía de la población -que se ha traducido en una campaña de perfil bajo- y con los ecos aún resonando de las recientes protestas de la Generación Z, que exige mayores avances en la calidad de los servicios públicos y en la lucha contra la corrupción, y con el telón de fondo de la crisis de Ceuta, que ha servido a los principales partidos para hacer alarde patriótico en su reclamación soberana de la ciudad autónoma española pero que también ha puesto sobre la mesa el reto de poder ofrecer un futuro de dignidad a cientos de miles de jóvenes que ansían emigrar.
A diferencia del sistema político español, el censo electoral marroquí no es universal, sino voluntario. Unos 15,8 millones de ciudadanos están inscritos en él y tendrán mañana derecho al voto para elegir a los 395 diputados de la Cámara de Representantes mediante un sistema proporcional de listas.
La prueba definitiva
El primer reto para las autoridades marroquíes es evitar que la participación -que en los comicios de 2021 fue del 50,35%- caiga por debajo de la mitad de un censo que representa apenas el 63% de la población adulta del país magrebí. Una vez elegidos los representantes de la cámara baja del parlamento, corresponderá al rey la elección de un jefe de gobierno -el monarca se reserva la designación de los denominados ministros de soberanía: Defensa, Interior, Exteriores y Asuntos Religiosos-, y este, a su vez, habrá de confeccionar el conjunto del gabinete.
Así las cosas, los comicios de mañana serán el test definitivo para el gobierno liderado desde el otoño de 2021 por el empresario Aziz Akhannouch, que ya había anunciado a comienzos de año que no volvería a comandar las listas de su formación, el liberal Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), tras cinco años en que los marroquíes han visto perder poder adquisitivo en medio de un encarecimiento general de la vida cotidiana. El descontento cuajó hace ahora un año en una serie de nutridas protestas lideradas por la Generación Z en las grandes ciudades del país.
Según el escritor y especialista en relaciones hispano-marroquíes Nabil Driouch, "las elecciones no supondrán un cambio radical en el panorama político del país, pero traerán consigo algunos cambios importantes". "Habrá un retroceso del RNI del que se beneficiará en primer lugar el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) y en segundo lugar el Istiqlal", explica el autor del ensayo España ahora a LA RAZÓN.
Disposición masiva a abandonar el país
A juicio de Driouch, el castigo al primer partido del parlamento y el actual gobierno lo capitalizará en las grandes ciudades el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que volverá a contar como cabeza visible con el veterano y carismático Abdelillah Benkirane, que ya fuera jefe del gabinete desde 2021 hasta 2017 y fuera reelegido como líder de la formación en abril de 2025. A mediados de agosto, Benkirane llegó a interpelar directamente al monarca para que explicara las circunstancias de lo sucedido en el norte de Marruecos y la frontera con Ceuta en el contexto de la Fiesta del Trono mientras llamaba a reflexionar sobre las razones de la "disposición masiva" de tantos jóvenes a abandonar su país.
En ausencia de sondeos, los especialistas apuntan a que el centrista y monárquico PAM, partido fundado por el ahora consejero real Fouad Ali El Himma en 2008, puede convertirse, por primera vez, en primera fuerza de la Cámara de Representantes, y un representante suyo en jefe del gabinete. De ser así, le corresponderá hacerse cargo a la vez de responder a los retos socioeconómicos de un país que crece a varias velocidades, sino también de afrontar con garantías la organización del Mundial de fútbol 2030, en el que Marruecos tiene depositada una indisimulada ilusión colectiva.
Además, las elecciones coinciden con la crisis abierta a raíz de la avalancha migratoria de los pasados 30 y 31 de julio en al frontera de Ceuta. Varios líderes políticos han aprovechado lo ocurrido para defender públicamente la reclamación soberana de Marruecos sobre las dos ciudades autónomas, como el ministro de Justicia y miembro del PAM Abdellatif Ouahbi, quien calificó la presencia española en el norte de África de "anacronismo colonial". "El contexto es diferente al de otros comicios, y los acontecimientos de Ceuta y la crisis política con España siguen proyectando su sombra, hasta tal punto que el interés mediático por las repercusiones de la crisis es mayor al que suscitan las propias elecciones", reflexiona Driouch a LA RAZÓN.