El Gobierno de Javier Milei atraviesa horas incómodas en el Congreso. Apenas unos días después del revés sufrido en el Senado con el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, la Casa Rosada volvió a encontrarse con un obstáculo político: la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), una de sus principales apuestas de cara a las elecciones de 2027, no tiene por ahora el camino despejado.
El problema para el oficialismo no proviene únicamente de la oposición. Según circuló en off, algunos de los bloques que habitualmente funcionan como aliados parlamentarios de La Libertad Avanza mostraron reparos frente a la iniciativa. La situación vuelve a poner en evidencia una debilidad que el Gobierno intenta disimular: la distancia entre el poder de fuego político que exhibe Milei desde la Casa Rosada y su capacidad efectiva para construir mayorías en el Congreso.
Una derrota que todavía repercute
El escenario quedó condicionado por lo ocurrido la semana pasada, cuando el oficialismo sufrió un fuerte revés en el Senado durante el tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Para evitar una derrota todavía mayor, el Gobierno tuvo que resignar capítulos centrales de su iniciativa, entre ellos los cambios que buscaba introducir en la Ley de Tierras y en el régimen de Manejo del Fuego.
El episodio fue especialmente significativo porque la iniciativa formaba parte de la agenda de reformas que el Gobierno considera estratégica. La necesidad de retirar modificaciones sustanciales para conseguir que el proyecto pudiera avanzar dejó expuestas las dificultades del oficialismo para imponer su agenda tal como fue diseñada en la Casa Rosada.
Ahora, esa misma fragilidad amenaza con trasladarse a la reforma electoral. La eliminación de las PASO constituye un objetivo especialmente sensible para Milei porque afecta directamente la organización de las próximas elecciones nacionales. Sin embargo, el oficialismo deberá negociar nuevamente con sectores que no están dispuestos a acompañar automáticamente cada iniciativa presidencial.
El Congreso empieza a marcarle límites
El Gobierno construyó buena parte de su identidad política alrededor de la idea de avanzar rápidamente con transformaciones profundas, aun frente a las resistencias del sistema político tradicional. Pero la dinámica parlamentaria empieza a mostrar una realidad bastante menos favorable para la Casa Rosada.
La derrota en el Senado y las dificultades para avanzar con las PASO tienen un punto en común: Milei necesita de aliados a los que, al mismo tiempo, pretende imponer una agenda diseñada desde el Poder Ejecutivo. Esa contradicción obliga al oficialismo a negociar, modificar proyectos y aceptar límites que chocan con el discurso de una administración que durante buena parte de su gestión presentó la confrontación como una herramienta política.
El problema se vuelve todavía más evidente porque la eliminación de las PASO no es una reforma secundaria para el Gobierno. Es uno de los principales objetivos electorales que se fijó el oficialismo, por lo que un eventual fracaso representaría un nuevo golpe a su capacidad para ordenar el escenario político de cara a 2027.
Una Casa Rosada obligada a negociar
El nuevo escenario también expone las dificultades de la estrategia legislativa de Milei. La administración libertaria consiguió aprobar iniciativas importantes desde su llegada al poder, pero lo hizo en buena medida a partir de extensas negociaciones con sectores que no integran formalmente el oficialismo.
Ahora, después del revés de la Ley de Tierras, esos mismos aliados parecen dispuestos a hacer valer su peso parlamentario. El mensaje es claro: acompañar al Gobierno no significa otorgarle un cheque en blanco.
La situación obliga a la Casa Rosada a revisar sus expectativas. La política parlamentaria requiere acuerdos, concesiones y capacidad de negociación, justamente tres elementos que suelen quedar relegados detrás del discurso confrontativo del oficialismo.
El Gobierno deberá demostrar ahora si puede convertir sus anuncios en mayorías concretas. Por el momento, el Senado ya le dio una señal contundente y la discusión por las PASO amenaza con convertirse en otro capítulo de una serie de tropiezos que empiezan a poner en cuestión la fortaleza legislativa de Milei.