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Las manifestaciones antigubernamentales en Argelia cumplen un año

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El 22 de febrero de 2019 miles de argelinos salieron a las calles tras el anuncio del presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, de lanzarse por quinta vez a la Presidencia. A pesar de que en ese país las manifestaciones están prohibidas, la ola de protestas trascendió las fronteras de la capital, se extendió a lo largo de todo el territorio y saltó a otros Estados como Francia. A las manifestaciones se le sumó el Movimiento Social por la Paz (MSP), el principal grupo islamista autorizado en el país, que instó al gobierno a escuchar las demandas y a retirar la candidatura del octogenario mandatario.

Pese a las continuas manifestaciones, el 3 de marzo Bouteflika oficializó su candidatura ante el Consejo Constitucional. A la ola de indignación que se creó en el país, se sumaron cientos de argelinos que viven en París para exigir el fin del régimen y un cambio político.

El 10 de marzo, Bouteflika, veterano de la guerra de independencia de Argelia de 1954-1962 contra Francia, regresó al país tras haber sido ingresado el 24 de febrero al Hospital Universitario de Ginebra.

Con 82 años, su estado de salud ya era delicado. En 2013 había sufrido un accidente cardiovascular que le impidió hacer campaña para las presidenciales del año siguiente. Desde entonces prácticamente no hablaba en público, se trasladaba en silla de ruedas y sus apariciones públicas eran poco habituales.

Un día después de su regreso al país y luego de tres semanas de protestas, Bouteflika declaró que no habría un quinto mandato y que nunca se pensó para él. "Mi estado de salud y mi edad solo me permiten como último deber para con la gente la contribución a los cimientos de una nueva República", dijo el mandatario. A su vez, anunció que las elecciones del 18 de abril serían pospuestas mientras se llevaba a cabo una "reorganización" del Gobierno. En el comunicado también se dio a conocer que el ministro del Interior, Noureddine Bedui, sería el nuevo primer ministro luego de que Ahmed Ouyahia hubiera renunciado al cargo. 

Una semana después, el 18 de marzo, Bouteflika dirigió una nueva carta a los argelinos en la cual decía que seguía su mandato hasta que la elaboración de una nueva Constitución fuera sometida a referendo, lo que aumentó la indignación de los manifestantes, a la cual se unió el jefe del Ejército de Argelia, el general Ahmed Gaïd Salah, que pidió la renuncia del presidente mediante la aplicación del artículo 102 de la Carta Magna, el cual inhabilitaría a Bouteflika por razones médicas.

El 2 de abril dimitió el longevo presidente Bouteflika, luego de que gobernara al país desde 1999. De acuerdo a la Constitución, el presidente interino pasó a ser el presidente del Senado, Abdelkáder Bensalá, por un máximo de 90 días mientras se llamaba a elecciones. El cambio de gobierno no calmó los ánimos de los manifestantes, que seguían exigiendo un cambio total de Gobierno.

Aunque el presidente interino anunció una nueva elección presidencial el 4 de julio para cumplir con lo dictado por la Constitución, un mes antes, el Consejo Constitucional rechazó las dos candidaturas presidenciales presentadas hasta el momento al considerar que no cumplían con los requisitos. La decisión prolongaba el periodo de transición política, lo que aumentó la ira de miles de manifestantes.

Tras la renuncia de Bouteflika, el general del Ejército, Gaïd Salah, impulsó una campaña de "manos limpias" que llevó a la cárcel a decenas de políticos, oficiales de alto rango, empresarios, periodistas y ciudadanos en general considerados miembros del llamado “clan Bouteflika”. 

Bajo esta directriz, el Tribunal Supremo solicitó el 12 de junio la detención preventiva del exprimer ministro, Ahmed Ouyahia, por sospechas de corrupción. Al día siguiente, Abdelmalek Sellal, exprimer ministro de Argelia, fue puesto en prisión preventiva a petición del mismo tribunal por sospechas de corrupción. Meses más tarde fueron condenados a 15 y 12 años de prisión, respectivamente.  

El 5 de julio, en medio de la celebración de independencia de Argelia, los jóvenes argelinos volvieron a salir a las calles en búsqueda de un cambio definitivo que pusiera fin a la influencia de Abdelaziz Bouteflika en el poder. Para los manifestantes, quienes quedaron con las riendas del país eran los mismos que rodearon a Bouteflika durante las últimas dos décadas.

El 15 de agosto el presidente interino, Abdelkader Bensalah, anunció que las elecciones presidenciales se celebrarían el 12 de diciembre. Mientras, en las calles, más manifestantes seguían siendo arrestados y judicializados. Las masivas movilizaciones coincidieron con el primer debate electoral entre los candidatos presidenciales.

Después del doble aplazamiento de los comicios presidenciales, primero previstos para el 18 de abril y luego para el 4 de julio, la oposición a los herederos del régimen del expresidente Bouteflika hizo que el llamado al boicot de las elecciones consiguiera que no se superara el 40% de la participación y que las protestas en diferentes puntos del país marcaran la jornada electoral.

Abdelmadjid Tebboune ganó con el 58% de los votos en una jornada marcada por el abstencionismo. Tebboune, de 74 años estuvo a la cabeza de varios ministerios desde el inicio la Administración Bouteflika. Primero como ministro de Comunicación y Cultura hasta el año 2000, luego como ministro Delegado para el Gobierno Local de 2000 a 2001. Posteriormente presidió la cartera de Vivienda en dos ocasiones de 2001 a 2002 y luego en 2012.

El pasado 23 de diciembre murió el jefe del Ejército Ahmed Gaïd Salah a causa de una crisis cardíaca. Tenía 79 años y era el hombre fuerte del país, especialmente después de la renuncia de Bouteflika. Las masivas protestas tumbaron a Bouteflika pero no a Salah, que logró mantenerse en el poder a pesar de ser otro de los blancos principales del movimiento social, que veía en él el rostro de la influencia de los militares en el Gobierno. 

A un año del comienzo de las manifestaciones, ni la renuncia de Bouteflika, ni la elección de Tebboune han calmado los ánimos de los manifestantes, quienes  siguen saliendo a las calles cada viernes para rechazar al que consideran un presidente "ilegítimo" y la continuación del gobierno de Abdelaziz Bouteflika.